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México ¿Vale la pena ilusionarse?
La selección hace historia en fase de grupos, como local, con su gente. Pero, ¿está lista para los grandes encuentros?
La fase de grupos cerró con una fiesta absoluta en territorio nacional. Con un contundente 3-0 ante Chequia en el tercer encuentro de la primera fase, la Selección Mexicana selló su boleto a los dieciseisavos de final con paso perfecto: 9 puntos de 9 posibles y cero goles en contra. Un hito histórico, jamás visto para el Tri en una Copa del Mundo, que desató la euforia de una afición completamente volcada en apoyo y metida de lleno en la fiesta más grande del futbol.
Sin embargo, en el banquillo y en la tribuna surge la pregunta inevitable: ¿estamos listos para el verdadero torneo?
Argumentos para soñar:
Paso histórico e invicto: Clasificar con marcha perfecta y la portería imbatida inyecta una confianza invaluable.
La fortaleza de la localía: El peso de jugar en casa está haciendo su trabajo; el entorno y la energía en los estadios juegan a favor de México.
Unidad en el vestidor: Se respira un gran ambiente y comunión dentro del equipo, factor clave para encarar la eliminación directa.
La balanza del realismo: El verdadero desafío y los 'fantasmas'
A pesar de los números perfectos, el funcionamiento colectivo deja dudas pendientes. A lo largo de la fase de grupos, el Tri experimentó lapsos de bajo desempeño y una evidente falta de contundencia que no se pueden permitir de aquí en adelante.
El verdadero reto: Los partidos de vida o muerte están por llegar. Aunque la escala inmediata son los dieciseisavos, el verdadero fantasma a vencer aguarda en los octavos de final, una instancia que se ha convertido en una barrera infranqueable en los últimos mundiales y donde las potencias de verdad no perdonarán el más mínimo error.
La moneda está en el aire. Hay motivos de sobra para celebrar el récord, pero el margen de error se ha terminado.
Hoy la posibilidad de llegar lejos, quizás termine convirtiéndose en el mismo destino de siempre, pero… “¿Y si sí?”



